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Una infancia entre melodías y sueños

La música de una película no solo acompaña lo que vemos. También revela aquello que los personajes no pueden expresar, construye la tensión que permanece fuera de campo y transforma una imagen en una experiencia emocional.

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Desde esa perspectiva trabaja Rubén Gallardo, compositor de bandas sonoras nacido en Felanitx, Mallorca, en 1992. Su música explora la relación entre emoción, narrativa cinematográfica y sonido, combinando la fuerza expresiva de la orquesta sinfónica con la intimidad del piano y las posibilidades de la producción musical contemporánea.

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Con una vocación por la composición que nació en su infancia y una trayectoria musical desarrollado en gran medida de forma autodidacta, ha ido construyendo una identidad artística marcada por la evolución constante y su interés por explorar las posibilidades expresivas de la música en el cine.

De la curiosidad musical a la composición

Rubén Gallardo pequeño

Rubén creció en un entorno familiar profundamente ligado a la música. Su padre, músico y compositor, le transmitió desde muy pequeño el valor de la creación sonora y despertó en él una curiosidad constante por los instrumentos y sus posibilidades expresivas. Entre guitarras, un piano siempre presente y equipos de sonido, comenzó a experimentar de forma intuitiva, descubriendo por sí mismo la riqueza del universo musical que tenía a su alcance.

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Aunque sus primeras enseñanzas de guitarra llegaron de la mano de su padre, gran parte de su formación se desarrolló de manera autodidacta. Su aprendizaje nació de la exploración, de la escucha y de una necesidad casi instintiva de crear. A los once años escribió sus primeras composiciones. Lo que comenzó como una forma espontánea de explorar la música fue evolucionando con el tiempo hacia melodías de carácter cada vez más sinfónico y orquestal. Sin haber definido todavía su futuro profesional, Rubén comenzaba a descubrir una afinidad especial por las grandes construcciones musicales, los temas melódicos y la capacidad de la música para evocar imágenes, despertar emociones y contar historias.

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Durante su juventud, continuó ampliando su formación en el Conservatorio de Felanitx, especializándose en percusión y batería, al tiempo que profundizaba en estudios vinculados al sonido y la producción musical. Esta combinación de disciplinas consolidó una base técnica sólida que más adelante se convertiría en uno de los pilares de su identidad como compositor.

El comienzo de una trayectoria cinematográfica

En 2017 llegó su primer encargo cinematográfico: la música de Zerø. Lo que inicialmente consistía en componer una pieza para piano terminó convirtiéndose en una oportunidad mayor: desarrollar la banda sonora completa de la película.

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El estreno de Zerø marcó el inicio de su trayectoria profesional como compositor cinematográfico. Su banda sonora obtuvo el premio a Mejor Banda Sonora en el festival Films InFest, un primer reconocimiento que supuso un impulso decisivo para su carrera, abrió nuevas oportunidades en el ámbito audiovisual y reforzó su decisión de dedicarse a la composición para la imagen.

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Desde sus primeros trabajos, Rubén mostró una inclinación natural hacia las grandes sonoridades sinfónicas. Su fascinación por la orquesta, el desarrollo temático y la combinación de instrumentos acústicos con recursos de producción contemporáneos comenzó a definir las bases de su identidad musical.

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Con el tiempo, comprendió que desarrollar una voz propia exigía mucho más que construir un sonido reconocible. Su aprendizaje le llevó a profundizar en los arreglos y la orquestación, estudiar de forma autodidacta los recursos de las grandes partituras y prestar cada vez más atención a la relación entre la música, el género cinematográfico y la estructura narrativa de cada historia. Así comenzó a desarrollar una concepción de la banda sonora en la que la fuerza musical debía estar siempre al servicio de la película.

Rubén Gallardo

Primeros reconocimientos y evolución musical

Tras el estreno de Zerø, los años siguientes estuvieron marcados por nuevos reconocimientos a su trabajo como compositor cinematográfico. En 2018, la película recibió un segundo galardón al obtener el premio a Mejor Banda Sonora en el Barcelona Planet Film Festival.

 

Ese mismo año, Rubén recibió un reconocimiento de la Asociación Balear de Amigos de las Bandas Sonoras (ABABS) por la música de Retorno. En 2019, volvió a obtener el premio a Mejor Banda Sonora en el festival Films InFest por esta misma película, sumando nuevos reconocimientos a una trayectoria que comenzaba a consolidarse en el ámbito audiovisual.

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Paralelamente, amplió su actividad hacia la producción musical y la creación discográfica. En 2018 participó como productor en el álbum Por Amor al Arte, recibiendo un nuevo galardón en los Premis Enderrock. Esta experiencia puso de manifiesto otra dimensión de su trabajo, vinculada al desarrollo sonoro y artístico de proyectos más allá de la composición para cine.

En 2020 publicó Alma, su segundo álbum de estudio, una obra instrumental centrada en el piano que refleja la vertiente más íntima y personal de su universo creativo. El álbum mostró otra faceta de su sensibilidad musical, alejada de las grandes sonoridades orquestales y centrada en la expresividad del piano y la conexión directa con las emociones.

La madurez del lenguaje cinematográfico

Tras sus primeros reconocimientos y varios años de aprendizaje constante, 2020 abrió una nueva etapa en la trayectoria de Rubén Gallardo, marcada por dos proyectos especialmente significativos: El Viaje de Nuestras Vidas y La Leyenda de Oriol.

La banda sonora de El Viaje de Nuestras Vidas (Somos Tierra) fue seleccionada entre las diez finalistas de los Gil Soundtrack Awards, un reconocimiento que puso en valor su trabajo y supuso un nuevo impulso en su recorrido como compositor cinematográfico.

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Poco después llegó La Leyenda de Oriol, una película que marcaría un punto de inflexión en su trayectoria. La profundidad emocional de la historia le llevó a implicarse especialmente en la composición de una partitura que considera su trabajo más significativo hasta la fecha. A través del piano y el acompañamiento de la orquesta sinfónica, la música busca dar voz al dolor, la vulnerabilidad y el vínculo emocional entre los personajes, convirtiéndose en una parte esencial de la experiencia narrativa.

 

Por este trabajo recibió también un reconocimiento de la Asociación Balear de Amigos de las Bandas Sonoras (ABABS), el segundo otorgado por la entidad a su labor como compositor. Un nuevo hito que reafirmó su evolución dentro del panorama musical y cinematográfico balear.

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Más allá de los reconocimientos, La Leyenda de Oriol supuso un cambio decisivo en su manera de entender la composición para cine. Su experiencia le permitió profundizar en la relación entre música e imagen y desarrollar un lenguaje más maduro, emocional y narrativo, en el que cada decisión musical responde a las necesidades de la historia y contribuye a transmitir aquello que las imágenes, por sí solas, no siempre pueden expresar.

Rubén Gallardo

Apertura Internacional

A partir de 2023, la trayectoria de Rubén Gallardo se abrió a nuevos horizontes con su participación en proyectos cinematográficos internacionales. El documental Whale marcó el comienzo de esta etapa, seguido de Spring (Re-scored) y Key Lime Pie, tres proyectos que ampliaron su experiencia y le permitieron explorar nuevas formas de construir atmósferas, desarrollar emociones y dar identidad sonora a las imágenes.

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Esta apertura supuso también un paso adelante en su evolución como compositor. El trabajo en producciones de distintos contextos amplió su perspectiva sobre la relación entre música e imagen y enriqueció su manera de abordar cada historia, manteniendo siempre la emoción y la narrativa cinematográfica como ejes centrales de su lenguaje musical.

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Dentro de esta etapa, Mirror Stacy ocupa un lugar especialmente significativo. En 2024, su banda sonora recibió el premio a Mejor Banda Sonora en el New York City International Films InFest Festival, un reconocimiento que añadió un nuevo hito a su trayectoria y reforzó la dimensión internacional de su trabajo. Más allá del premio, este reconocimiento representa un paso importante en un recorrido ampliando sus horizontes creativos y consolidando su identidad como compositor para la imagen.

Una etapa de expansión y nuevos horizontes

En la actualidad, Rubén Gallardo atraviesa una etapa de intensa actividad creativa, compaginando la composición cinematográfica con proyectos escénicos, trabajos de estudio y colaboraciones musicales. En 2026, títulos como Debod, Lo Invisible o Fisión forman parte de un periodo de crecimiento artístico, mientras que el lanzamiento de la banda sonora de Amy representa un paso significativo en la evolución de su lenguaje musical.

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En Amy, Rubén explora una escritura más madura y una concepción sonora de mayor amplitud, en la que la fuerza de la orquesta sinfónica, el desarrollo de grandes temas y la riqueza de las texturas musicales se combinan para construir una experiencia profundamente emocional y cinematográfica. La partitura refleja su interés por desarrollar un sonido con personalidad propia, capaz de alternar la intimidad emocional con la intensidad de las grandes sonoridades orquestales, siempre al servicio de la historia. Una evolución que apunta hacia una concepción cada vez más ambiciosa de la música para cine, tanto en su dimensión narrativa como en su fuerza expresiva.

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Esta visión se extiende también a su forma de trabajar. Para Rubén, componer una banda sonora significa comprender la mirada del director, profundizar en las necesidades dramáticas de la película y encontrar una voz musical que dialogue con las imágenes y contribuya a definir su identidad. Más allá de acompañar la acción, busca que la música amplifique las emociones, aporte nuevas dimensiones al relato y permanezca en el espectador más allá de la propia película.

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En 2027, Rubén Gallardo cumplirá diez años de trayectoria profesional en el cine. Una década de aprendizaje, exploración y transformación que ha definido su camino como compositor y le ha permitido desarrollar una visión artística cada vez más personal. Este aniversario no representa únicamente una mirada al recorrido realizado, sino también el comienzo de una nueva etapa: una oportunidad para afrontar nuevos desafíos, ampliar sus horizontes creativos y seguir explorando la capacidad de la música para convertir una historia en una experiencia inolvidable.

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Rubén gallardo

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