La banda sonora de «Reminiscencia»: una nostalgia que mira al pasado con cariño
- Rubén Gallardo

- hace 23 horas
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Reminiscencia es un filme dirigido por Silvia Collantes, que nace de una emoción tan sencilla como universal: ese instante en el que descubrimos que la infancia, aunque permanezca en nuestra memoria, ya ha quedado atrás. Una historia sobre dos hermanas, los recuerdos compartidos y la inevitable sensación de que crecer también significa aprender a dejar ir. Para acompañar este viaje emocional, la banda sonora apuesta por una escritura minimalista y delicada, construida a partir del piano y las cuerdas.

La historia sigue a Violeta, que recibe la noticia de que su hermana pequeña, Olivia, va a casarse. Mientras ambas se embarcan en los preparativos de la boda, Violeta comienza a enfrentarse a una realidad que hasta entonces quizá había permanecido escondida entre los recuerdos: la infancia que compartieron ha terminado. Olivia ya no es aquella niña que creció a su lado y, poco a poco, las dos hermanas comienzan a tomar caminos diferentes.
Es precisamente en ese momento de transición donde se sitúa Reminiscencia. El cortometraje no plantea la nostalgia desde la tristeza, sino desde el cariño por todo aquello que se ha vivido. La mirada hacia el pasado nace del amor, de la alegría y de la conciencia de haber compartido una parte fundamental de la vida con alguien.
Y es ahí donde la música adquiere un papel especialmente importante.
Una banda sonora construida desde la sencillez
La música de Reminiscencia parte de una premisa muy clara: acompañar la emoción sin imponerse sobre ella.
La historia está construida en buena medida a través de las miradas, los silencios, las pausas y los pequeños gestos que surgen entre dos hermanas que llevan toda una vida compartiendo experiencias. Son momentos en los que no hace falta explicar demasiado. La relación entre Violeta y Olivia se encuentra en aquello que se intuye, en una sonrisa, en una mirada que dura un poco más de lo habitual o en un silencio que dice más que cualquier diálogo.

La partitura se construye principalmente a través del piano y las cuerdas, con una escritura minimalista, íntima y contenida. Pocos elementos son suficientes para crear el paisaje emocional que necesita la historia, dejando siempre espacio para que la imagen y la interpretación respiren. El piano ocupa un lugar especialmente cercano dentro de la partitura. Su sonido permite trabajar desde una dimensión muy personal, casi como si estuviéramos entrando directamente en el mundo interior de Violeta.
Las cuerdas, por su parte, amplían ese espacio emocional y permiten que determinados momentos crezcan sin perder la delicadeza que define el conjunto.
El resultado es una música sencilla en apariencia, pero pensada para acompañar con precisión cada pequeño movimiento de la historia.
Nostalgia sin tristeza
Uno de los conceptos fundamentales a la hora de plantear la banda sonora fue precisamente la nostalgia.
Pero no una nostalgia entendida desde la tristeza o desde el deseo de recuperar aquello que ya no existe. En Reminiscencia, recordar también es una forma de celebrar. La música busca transmitir esa sensación de mirar hacia atrás con cariño. Hay melancolía, inevitablemente, porque crecer implica aceptar que algunas etapas terminan, pero también hay calidez y alegría al recordar todo lo que se ha compartido. Ese equilibrio fue uno de los puntos más importantes del lenguaje musical de la película.

El piano y las cuerdas permiten moverse constantemente entre esos dos lugares: entre la intimidad y la emoción, entre la melancolía y la luz. La partitura no pretende convertir cada recuerdo en un momento triste, sino encontrar esa sensación agridulce que aparece cuando somos conscientes de lo rápido que ha pasado el tiempo.
En ese sentido, la música acompaña una idea muy concreta: podemos echar de menos una etapa de nuestra vida y, al mismo tiempo, sentirnos felices por haberla vivido.
Convertir los recuerdos en sonido

En definitiva, la música de Reminiscencia nace de una historia sobre crecer, cambiar y aceptar que las personas que queremos también construyen sus propios caminos.
El piano y las cuerdas se convierten en las herramientas principales para explorar ese territorio emocional, creando una partitura minimalista, suave, íntima y profundamente ligada a la memoria.
Una música que no busca hablar de la nostalgia desde la tristeza, sino desde el amor por todo aquello que hemos vivido. Que entiende el recuerdo como algo vivo y cambiante, y que encuentra en los pequeños detalles la manera de acompañar una historia tan cotidiana como universal.
Porque hay momentos en los que crecer significa dejar atrás una parte de nuestra vida, pero también descubrir que esa parte permanece con nosotros de otra manera.
Y quizá ahí es donde la música encuentra su lugar en Reminiscencia: en ese espacio entre lo que ya pasó y lo que todavía somos capaces de recordar.


