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La música de lo que nunca llega a decirse: así nace la banda sonora original de Debod

Foto del escritor: Rubén Gallardo
Rubén Gallardo
hace 5 horas
8 min de lectura

El compositor mallorquín firma la música original del filme "Debod" de Fernando Pardo. Una partitura sinfónica en la que el piano lleva el hilo conductor, las cuerdas construyen la emoción y el clarinete y el corno inglés dialogan como los propios protagonistas. Hablamos con Rubén Gallardo sobre el proceso creativo, la orquestación y una escena al atardecer que se convierte en el corazón musical de la historia.


Debod Banda Sonora Original Rubén Gallardo

Debod es un filme rodado en Madrid que cuenta la historia de Lucas (Marcos López), un joven estudiante de cine cuya historia favorita es la que comparte con Elena (Lucía Saga), su profesora de inglés desde hace varios años. Entre ambos existe una diferencia de edad de diez años y, aunque Lucas intenta acercarse a ella en varias ocasiones, Elena no comparte sus sentimientos.


Tras varios intentos, Lucas consigue lo que él considera una cita, aunque para Elena solo es una oportunidad para ayudarle a pasar página. Juntos pasan una tarde en el Parque de la Montaña, junto al emblemático Templo de Debod. Entre confidencias, silencios y emociones que no siempre encuentran las palabras adecuadas, ese encuentro acaba convirtiéndose en algo más significativo de lo que ambos esperaban.


Mientras Lucas se enfrenta a un amor no correspondido, Elena atraviesa una etapa de crecimiento personal en la que se siente estancada. Sin buscarlo, aquella tarde junto a Lucas le ofrece una nueva perspectiva sobre sí misma y sobre el momento vital en el que se encuentra.


Es en ese espacio emocional, entre lo que los personajes sienten y lo que finalmente se atreven a expresar, donde la música de Gallardo encuentra su razón de ser. Una banda sonora que no pretende explicar cada gesto, sino acompañar aquello que queda suspendido en el aire.



Rubén Gallardo Debod Banda Sonora Original

EN EL ESTUDIO. La primera impresión que deja la propuesta musical de Debod es la de una obra que crece sin prisas. La intimidad marca el punto de partida, pero bajo esa aparente delicadeza se va construyendo una tensión que terminará desembocando en un clímax sinfónico.


Nada parece estar ahí por casualidad: cada instrumento aporta un matiz y cada melodía contribuye a dibujar el mundo interior de los protagonistas. El piano ocupa el centro de ese universo.


Es el encargado de presentar los temas y de mantener el hilo conductor de la partitura, mientras el resto de la orquesta amplía sus posibilidades expresivas. Las cuerdas aportan profundidad y tensión; el clarinete y el corno inglés, por su parte, establecen una conversación musical que evoca la relación entre Lucas y Elena.



Hay una idea que resume muy bien la filosofía de esta composición: el piano es el corazón y la orquesta, el alma. El primero sostiene la emoción desde la cercanía; la segunda la envuelve, la acompaña y la hace crecer hasta alcanzar su máximo esplendor.


Del guion al primer tema

Como sucede en muchos procesos de composición cinematográfica, el primer impulso no llegó de una sesión de trabajo frente al montaje, sino de la lectura del guion. Gallardo conectó de inmediato con la historia y comenzó a desarrollar al piano la melodía principal. Aquella primera idea quedó recogida en la partitura, a la espera de encontrar su lugar definitivo dentro de la película.


El siguiente paso llegó cuando Pardo le hizo llegar el montaje. Con las imágenes delante, el compositor pudo empezar a construir la base musical, desarrollar los arreglos y dar forma a la orquestación.

La melodía inicial se convirtió así en el punto de partida de una estructura más amplia. La música fue encontrando su espacio dentro de la narración, creciendo junto a las imágenes y definiendo progresivamente su identidad.


DEBOD

¿Qué querías transmitir con esta banda sonora?

«Amor contenido, destino e intimidad. Hay un sentimiento que está ahí constantemente, que parece gritar a voces, pero que no termina de expresarse con palabras. Quería que la música reflejara precisamente eso».


La respuesta permite entender por qué la partitura evita resolver demasiado pronto su carga emocional. En Debod, el sentimiento no se presenta como una declaración abierta, sino como algo que permanece latente. La música tenía que respetar ese carácter y, al mismo tiempo, hacerlo perceptible para el espectador.


Orquestar es colorear un cuento

Al hablar de orquestación, Gallardo recurre a una imagen sencilla que ayuda a comprender un proceso que, en realidad, es complejo: colorear un cuento. La historia ya está ahí, al igual que la idea musical principal, pero falta decidir qué colores utilizar, cómo combinarlos y qué matices necesita cada momento:


«Tienes la idea principal en la cabeza y sabes hacia dónde quieres ir, pero después toca darle forma, trabajar los detalles y encontrar los colores adecuados», explica.


Rubén Gallardo Debod Banda Sonora Original

En ese recorrido, la composición no permanece estática. Aparecen nuevas ideas, se revisan otras y distintas piezas comienzan a encajar hasta formar un conjunto coherente. Es un trabajo de construcción progresiva, hecho de anotaciones, pruebas y decisiones que se van acumulando durante meses.


En Debod, esa búsqueda se traduce en una escritura sinfónica que no se limita a acompañar la melodía del piano. Cada familia instrumental cumple una función dentro del desarrollo emocional de la partitura. Las cuerdas preparan el terreno para el clímax, mientras los instrumentos de viento aportan una dimensión más íntima, casi conversacional.


El clarinete y el corno inglés tienen, en este sentido, un papel especialmente significativo. Sus melodías se responden entre sí como dos voces que intentan acercarse, creando un diálogo que remite directamente a los protagonistas:


«Funcionan como dos voces que se responden entre sí, casi como si representaran a los dos protagonistas. Uno plantea una idea y el otro responde. Es un diálogo musical que refleja esa conexión entre los personajes, sus miradas y todo aquello que sienten, pero no se atreven a decir».


No hace falta que el espectador identifique conscientemente cada instrumento para que ese diálogo funcione. Lo importante es que la música contribuya a transmitir la cercanía, la distancia y la tensión emocional que conviven en la historia.


EL ATARDECER | Cuando la música expresa lo que los personajes callan

Hay escenas que parecen contener la esencia de una película entera. En Debod, ese lugar lo ocupa el encuentro al atardecer, una conversación pausada en la que las miradas adquieren un peso especial y los sentimientos permanecen bajo la superficie.


Es también el momento en el que la construcción musical adquiere una dimensión particularmente expresiva. La partitura mantiene su delicadeza, pero comienza a acumular tensión. Las cuerdas, mediante sus trémolos, crean una sensación de expectación que convive con las melodías del piano, el clarinete y el corno inglés.


Cada elemento continúa su propio recorrido, pero todos avanzan hacia un mismo punto. La emoción no aparece de golpe: se acumula poco a poco, como si la orquesta recogiera todo aquello que los personajes llevan tiempo sin decir.


¿Qué buscabas transmitir en esta escena?

Rubén Gallardo Debod Banda Sonora Original

«Para mí, esa escena define el sentimiento oculto y tierno que atraviesa toda la historia. Es una conversación dulce, pausada, en la que las miradas tienen muchísimo peso. Quería que la música expresara esa tensión entre los dos personajes, todo lo que se están diciendo sin llegar a pronunciarlo».


La dificultad está precisamente en encontrar el equilibrio. La música debe acompañar el diálogo sin restarle protagonismo y, al mismo tiempo, revelar una dimensión emocional que no siempre resulta evidente en las palabras.


Para conseguirlo, Gallardo combina la tensión acumulada de las cuerdas con el diálogo melódico de los instrumentos solistas. El piano mantiene el vínculo con el tema principal, mientras el clarinete y el corno inglés aportan sus respectivas voces. La orquesta va creciendo hasta alcanzar el apogeo final, dando salida a una emoción que llevaba toda la escena contenida.


No es un clímax que responda únicamente a una cuestión de intensidad sonora. Su sentido está en el recorrido previo, en cómo cada instrumento contribuye a preparar ese momento y en cómo la música acompaña la evolución de la escena.


«La cuerda, con sus trémolos, genera una tensión acumulada, mientras el piano, el clarinete y el corno inglés desarrollan sus melodías. Todo va construyéndose poco a poco hasta llegar al apogeo final», cuenta el compositor.


El resultado es una escena en la que la música parece decir aquello que los personajes no terminan de pronunciar. No sustituye sus palabras ni explica sus sentimientos: les da espacio para que el espectador pueda percibirlos.


La emoción que no siempre escuchamos conscientemente

Una parte del trabajo de una banda sonora ocurre en un plano que no siempre identificamos de manera racional. El espectador puede no reparar en los trémolos de las cuerdas o en el intercambio de melodías entre el clarinete y el corno inglés, pero sí experimentar la tensión, la ternura o la melancolía que esos recursos ayudan a construir.


Gallardo considera que ahí reside parte de la magia de la música cinematográfica: en su capacidad para influir en la manera en que vivimos una escena, incluso cuando no estamos prestando atención a la música de forma consciente.


En Debod, esa idea resulta especialmente pertinente. La historia se apoya en sentimientos que no siempre encuentran una expresión directa y la partitura trabaja desde ese mismo lugar. Su cometido no es subrayar constantemente lo que sucede en pantalla, sino acompañarlo con sensibilidad y permitir que la emoción se desarrolle de forma natural.


DEBOD

La importancia de confiar en la música

La relación entre compositor y director es otra de las piezas fundamentales de este proceso. Fernando Pardo tenía claro que el clímax final debía desempeñar un papel importante dentro de la película y compartió con Gallardo las líneas emocionales que quería transmitir.


A partir de esas indicaciones, el compositor pudo desarrollar su propia visión. La libertad creativa le permitió explorar las posibilidades de la partitura sin perder de vista la intención narrativa del filme.


«Fernando me explicó lo que quería transmitir y me señaló la importancia del clímax final. A partir de ahí, tuve libertad para desarrollar mi visión musical. Cuando un director confía en ti y te permite explorar, se crea un espacio creativo muy bonito. Esa confianza es fundamental».


Esa confianza parece haber acompañado el proyecto desde sus primeras fases. Gallardo recuerda el proceso como una experiencia especialmente fluida, en la que la conexión con la historia facilitó el trabajo y permitió que las ideas musicales encontraran su camino.


¿Hubo alguna escena especialmente difícil de componer?

«Curiosamente, no. Ha sido un proyecto muy directo y bonito. Desde que leí el guion conecté con la historia, y eso facilitó mucho el proceso. Después, trabajar con el montaje me permitió desarrollar la música y encontrar el lugar de cada elemento dentro de la narración».


Más que superar un obstáculo concreto, el reto consistió en mantener la coherencia emocional de la partitura: lograr que el piano, las cuerdas y los instrumentos solistas formasen parte de un mismo discurso, desde la intimidad inicial hasta el desenlace.


Al terminar de recorrer las ideas que dan forma a la banda sonora de Debod, queda una sensación que conecta la música con la propia historia: no todo lo importante necesita ser dicho en voz alta.


¿Qué te gustaría que sintiera el público al escucharla?

«Me gustaría que se dejara llevar. Que sintiera esa mezcla de ternura, emoción y melancolía sin necesidad de analizar cada nota. Que pudiera conectar con los personajes y con aquello que se queda suspendido entre ellos».


Porque, más allá de los instrumentos y de las decisiones de orquestación, la música también conecta con las experiencias de quien la escucha: con los sentimientos que alguna vez hemos guardado, con las conversaciones que nos han marcado y con las palabras que nunca llegamos a pronunciar.


Si hubiera que resumir la banda sonora en una sola idea, Gallardo lo tiene claro:


«Una historia que se cuenta con la mirada y se siente a través de la música».


Rubén Gallardo Debod Banda Sonora Original

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